domingo, 26 de octubre de 2014

UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA




Hoy el día se presentaba muy prometedor. Salía a hacer la ruta que más me gusta (El Escorial - alto de Abantos - Refugio de la Naranjera - Peguerinos - Alto de Abantos - El Escorial y pa`casa), hacía un día casi de verano y al poco de empezar actué como buen samaritano ayudando a una pareja con su avería en la bici (qué majo soy, jeje).

Pero poco a poco la cosa fue empeorando. Ha sido de esos días en los que no sabes por qué pero las piernas no te van, los brazos no llevan la bici por donde quieres y las cosas no te estan saliendo como te gustarían.

La subida por asfalto se me alargó más de la cuenta porque tuve que repetir varias veces una toma de lo más sencilla. La subida por camino se me hizo más dura de lo normal, y cuando por fín llega el larguísimo sendero de bajada a Peguerinos por el que merece la pena hacer casi 40 km, me era imposible llevar la bici por dentro del camino. He tenido que poner el pie a tierra en lugares en los que os daría la risa.

Pero no pasa nada, todo correcto, ya un poco tarde de hora pero sólo queda llegar de nuevo al alto de Abantos para que todo sea bajada hasta casa.

Y como un día malo siempre puede ir a peor, en el lugar menos apropiado, zas! caída. Una de esas caídas en las que podía haber pasado de todo y no sabes como, pero no ha pasado casi nada. Bici bien, yo más o menos bien. Te acuerdas de algún santo y ya lo único que quieres es llegar a casa cuanto antes, despacito pero con buena letra.

Al final tengo que dar gracias, un día que se podía haber torcido mucho, mucho... sólo se ha torcido un poco. Una pequeña herida (pero que duele, eh!), la rodilla un poco tocada, comer a la hora de la siesta, pero en casa contándolo y dispuestos a salir el próximo día.

Hasta la siguiente y gracias por leerme!!!

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